Escrito para la Revista Cuerpo Mente  Aún sin ser Publicado

Mi más sincero agradecimiento a Cristina Romero, editora de la revista, por invitarme a escribir este artículo.

 

Lo que tu dolor te cuenta…

DOLOR CERVICAL CRÓNICO Y AGUDO, DOLOR DE CUELLO Y CABEZA, PÉRDIDA DEL CABELLO.

Hacía más de 10 años que Zule padecía dolor crónico y agudo en la zona cervical. Nos puso en contacto su médica anestesióloga especializada en dolor. Habían probado de todo. Ninguna dosis de fármaco le hacía ya efecto. Incluso se le había administrado metadona y estaba en proceso de desintoxicación.

Tenía 64 años, su diagnóstico era artritis y fibromialgia. Un accidente automovilístico la dejó largo tiempo inmobilizada con un cuello ortopédico. Su cabello se caía por la falta de irrigación sanguínea.

¿Qué solución estaba dando Zule a su dolor?

Los fármacos, la anestesia, distraer su atención, ignorar y evitar el dolor, eran estrategias que Zule utilizaba a diario para enfrentar a este horrible monstruo que la perseguía. Odiaba a ese maldito dolor y le echaba la culpa de su infelicidad. Quería apartarlo de ella cueste lo que cueste.

A base de acumular tensión, logró incluso desconectar el sistema nervioso en la zona del vientre, el lugar donde se originaron todos sus males. Tenía problemas para digerir algunas situaciones vividas. El registro de su mente primitiva era: “no hay dolor, está todo bien”.

La trampa funcionó durante un tiempo. Pero, el cuerpo, es un sistema cooperativo inteligente y se puso en marcha para ayudar a la barriga. La zona cervical acudió en su ayuda tensándose para no sentir.

Había una enorme cantidad de energía que esta amorosa mujer invertía permanentemente en sostener su dolor y que no estaba disponible para resolver su presente.

¿Por qué el dolor se agudizaba?

El dolor era el sistema de alarma gritando a Zule: “tu barriga está mal, tu cuello y tu garganta están colapsando, por favor, atiéndeme! Si no lo haces podemos morir”.

Quizás nos parezca exagerado pensar en la muerte. Pero una función básica del sistema de supervivencia de nuestro organismo es “mantenernos vivos”. ¿Cómo lo hace? Una de las tantas formas  es a través del dolor.

Al desconectar el sistema de alarma e ignorar el dolor ¿Qué estaba haciendo Zule?

¡Estaba yendo en contra de su Naturaleza!!!!

¿Y por qué iba en contra de su Naturaleza?

Porque tenía miedo de enfrentar su dolor. Su fantasía era que se iba a quedar allí instalado para siempre. Pero desde esta trampa mental, cuanto más intentaba que desapareciera, más lo creaba, lo sostenía y lo eternizaba.

¿Cómo resolvimos el dolor respetando su naturaleza?

Hicimos lo que para nuestro cerebro primitivo es “una locura total”: le Prestamos Atención.

Guié a Zule a sentir y experimentar sus características y cualidades. Lo enfrentó, se familiarizó con él, se hizo su amiga.

¿Qué sucedió al prestarle atención al dolor?

Al permitir el dolor en su máxima expresión, el dolor cambió.

Y Zule pasó de SUFRIR a APRENDER.

¿Y qué aprendió?

  • FÍSICAMENTE aprendió:
    • A soltar los esfuerzos extra que hacían sus músculos para sostener el dolor y devolverles su elasticidad natural.
    • A detectar que su barriga estaba encogida y tensa. Pudo relajarla y recuperó su flujo digestivo. Cuando la contraía sabía que algo no estaba digiriendo (física, emocional o mentalmente).
    • Los mareos le permitieron gestionar el miedo a enfrentar aquello que prefería no ver.
  • Descubrió ACTITUDES y CREENCIAS que la condicionaban:
    • Para Zule siempre “estaba todo bien”. Se dio cuenta de que la situación con su hijo“no estaba nada bien”. Al apañarlo y no ponerle límites, su hijo de 27 años era muy irresponsable y no podía vivir solo.
    • “Ver todo color de rosa” la hizo sostener un primer matrimonio durante años con mucho sufimiento.
    • Desde chica se entrenó para “servir a otros”. Al “darlo todo a los demás” no podía recibir.
    • “Tenía que cumplir con todos”: esta mujer dulce y paciente no podía quedar mal con nadie. Necesitaba “hacerse querer”.
  • Gestionó sus EMOCIONES:
    • Cuando se angustiaba se ahogaba en llanto y todo se volvía grande e imposible de abordar. Poco a poco desapareció el drama.
    • Se hizo cargo de la “culpa” que sentía con su hijo y aprendió a ponerle límites.
    • Transformó la “vergüenza” de haber conocido a su actual marido cuando aún no había terminado su primer matrimonio.
    • La “angustia” y el “miedo de estar sola” la asaltaron cuando a su marido le detectaron cáncer de próstata. Al transmutarla surgió la entereza para acompañarlo.
    • Pudo gestionar la antigua “frustración” de tener que hacerse querer por su clan y no lograrlo.
    • Detrás del servilismo descubrió que acumulaba una gran “furia”. Transformar esta energía le dio una fuerza tremenda.
  • Recuperó LIBERTAD de MOVIMIENTO:
    • Su marido le decía que se movía como una chica de 40!
    • Podía agacharse a buscar las ollas en la parte baja de la cocina.
    • Los pozos de las calles patagónicas no le afectaban como antes y podía ir en coche sin collarín.
  • Recordó su HISTORIA:
    • Su padre era mujeriego y su madre lo padecía hasta que tomó revancha con un amante, pero se quedó embarazada…de Zule. Nació en medio de este secreto que la hizo sentirse desplazada del clan, culpable y avergonzada. El servilismo y el esfuerzo por hacerse querer, fueron estrategias que le permitieron sobrevivir a su historia.

¿Qué ganó Zule al enfrentar el dolor?

  • Dejó de somatizar y de cargar su historia no digerida y no expresada.
  • Recuperó la habilidad del cuerpo de auto equilibrarse y sanar.
  • Puso su voluntad al servicio de enfrentar sus miedos.
  • Las emociones dejaron de ser un problema y comenzaron a ser su fuente de energía.
  • Ganó nuevas cualidades: entereza, fortaleza, organización.
  • Aprendió a poner límites.
  • Experimentó el silencio y la relajación.
  • Se aminoró el dolor hasta casi desaparecer,
  • Recuperó autenticidad: la libertad de elegir cómo responder a cada momento.

Zule sigue siendo amorosa y dulce, aunque ahora también es emotiva, alegre y resolutiva.

Ejercicio:

Ponte en una posición cómoda que te ayude a relajar la tensión en la zona del dolor.

Cierra los ojos. Nota tu respiración. Cuando hay dolor normalmente la respiración es corta, superficial y se aleja del dolor. Busca que tu respiración se haga más lenta, profunda y que se acerque a la zona del dolor.

Ahora presta atención a tu dolor:

  1. ¿Qué forma tiene? Respira y tómate el tiempo de experimentar (es rectangular, tiene una pirámide en la punta, parece un tubo, es curvo, tiene forma de lanza, etc).
  2. ¿Cuánto mide? Esta respuesta no tiene que ser lógica. Simplemente suelta el número que tu cuerpo percibe.
  3. ¿De qué material es? También, permite la total libertad de tu cuerpo para describir esta cualidad (ej: es de un plástico blando pero la punta es de madera)
  4. ¿Cómo es la superficie? ¿Es lustrosa, rugosa, lisa, con puntitos, ondulada?¿Cómo es?
  5. Ahora haz una respiración profunda y amplia. Pon la intención de soltar completamente todo lo que has percibido.
  6. Nota si la información ha cambiado.
  7. Te sugiero que repitas este procedimiento 3 veces. No te aferres a la primera información trabajada. Permítete experimentar tu dolor cada vez como si fuese la primera oportunidad.
  8. Puedes hacer este ejercicio todas las veces que lo desees.

Marian Chacón

Coach Psico-Somático

Sesiones en Barcelona

Intensivos en Madrid, Buenos Aires y Bariloche

www.harmoniaintegral.com

marian.harmoniaintegral@gmail.com

+34 695 379 641

Compártelo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.